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Terra
La Coctelera

El infinito ante nosotros

Tal vez la oscuridad nos muestre más que la cegadora luz y entre la más pura negrura logramos descrifrar secretos milenarios que inquietan a la humanidad desde que esta puede ser llamada así. Nos sentimos insignificantes, ignorantes, pero a la vez facinados ante el espectáculo del infinito que captan nuestros ojos. Me refiero a un cielo estrellado. Hoy en día es difícil vislumbrarlo en nuestras perfectamente iluminadas urbes  e incluso sentir su llamada en nuestro ajetreado ritmo de vida. Pero si algo tenemos en común todas las personas ante él, es que es que nos resulta como mirar al mismísimo Dios, nos sentimos fascinados y contemplamos una inmensidad que no podemos controlar, ni comprender, ni si quiera imaginar. Es toda una lección de humildad y provoca un sentimiento estremecedor e hipnótico. Hemos descifrado al menos, las grandes incógnitas sobre las reglas que rigen el sistema solar y comprendemos que la tierra es redonda y la gravedad nos mantiene unidos a ella. Pensemos por un momento cómo se sentían en la antigüedad, cuando pensaban que los barcos que se perdían en el horizonte se caían del plato que era para ellos la Tierra, cuando no sabían qué era la Luna o qué era el Sol o las estrellas. Qué paz nos obsequia el entendimiento, el conocimiento. Pero no es mucho más lo que sabemos hoy que entonces. Seguimos siento hormiguitas en un mundo que es otra hormiguita, en una galaxia que es otra hormiguita... y así hasta el infinito. Abriendo los ojos, hasta donde podamos, todos nuestras preoupaciones nos parecerán tan efímeras que se esfumarán. Suerte tenemos de poder admirar la inmensidad.

 

Este fin de semana fui arrastrada al cine, pensaba que iba a ver la típica película épica, llena de secuencias de acción bélica, con héroes marcados y malos muy definidos. Los guapos y malos de toda la vida. Me sorprendí porque Ágora (es el nombre del film) es una mirada al infinito que se encuentra sobre nosotros y una mirada hacia nosotros mismos desde dicha inmensidad. Un viaje en el tiempo y en el espacio, donde las pasiones y las dudas, la sensación que invade los corazones de los antiguos al anochecer y la que nos invade en la actualidad poco o nada han cambiado. Es una historia donde los personajes tienen su propia explicación ante aquello que no logran descifrar y cuya explicación rige sus vidas y comportamientos, hasta el punto de llevarlos de la mano hasta el final, hasta la muerte. Ágora me descubrió también una increíble mujer que admiro profundamente: Hipatia. Una mujer, que ante todo, fue fiel a sus principios y a sí misma, y que jamás vendió ni renegó de aquello que era, ante nadie, ni ante nada. Eso la lleva a formar parte de la inmensidad, y de una manera muy mística entregarle su existencia.

Realmente os recomiendo la película, al cual está cargada de mensaje, mensaje humano, religioso, histórico, flisófico, astronómico, pasional. Os invito a reflexionar y a compartir y debatir conmigo cualquier aspecto que os apetezca. Muchas gracias. Buenas noches.... Que las sombras os arropen.

Miedo VS Amor

 

El miedo crece contigo, lo va inundando todo como si fuese sangre derramada. Es un líquido espeso. Avanza con facilidad y no hay rendija en la que no pueda entrar, pero no lo hace de forma desbordada. Es lento, no se le ve venir. Hasta que un día te hace perder aquello que más quieres y es cuando te das cuenta de que has utilizado demasiadas capas de cemento que detuvieron otras cosas, pero a traves de las cuales el miedo consiguió entrar. Hay que mirar directamente a los ojos de nuestros miedos, que no son otros que nuestros propios ojos. Evitar que nuestros corazones se ahoguen en la hemorragia interna que es el miedo.

Hay que comprenderlo, saber porqué está ahí y sólo razonando con él, entenderá que está de más. Que estuvo bien que surgiera en una ocasión puntual como manera de protección, pero que no puede quedarse ahí para el futuro, haciendonos crear y crear barreras. el arma más poderosa contra el miedo es nuestro corazón. si lo usamos, sólo nosotros seremos los perdedores y los ganadores.

Cuando amemos, más nos vale hacerlo de corazón porque la persona que está con aquella que ama es la que gana, no la que no se entrega en el amor. No pierde el que no recibe tanto, como el que no da porque no tiene nada que ofrecer.

Nunca se sabe si alguien nos quiere de verdad, pero sí se puede saber si nuestro amor es verdadero y es el que nos hará felices. El amor que brota de nuestro propio corazón es el que nos llena de gozo. Por lo tanto no hay nada que temer, siempre que nosotros tengamos amor, no nos faltará dicha. No permitamos que los miedos de otros nos inunden lentamente, ni que reaparezcan los nuestros. Eso será lo que realmente haga que los miedos sean realidades una y otra vez. Amemos sin miedo. Si nos causan dolor, aquel que no apreció el puro amor que ofrecimos será el que realmente pierda lo más valioso que se puede tener.  Nosotros no lo perderemos porque surgió de nosotros y con nosotros seguirá.